Durante años, el debate sobre la transición energética giró principalmente en torno a la generación: cuántos gigavatios de solar y eólico se instalaban, y a qué ritmo los países avanzaban hacia sus objetivos de penetración de las renovables. Ese debate ha evolucionado. El sector es consciente de que generar energía limpia no es suficiente si el sistema no es capaz de gestionarla con eficiencia. El mercado de M&A refleja también ese cambio: el almacenamiento energético concentra hoy una parte creciente del interés inversor en el sector, y todo apunta a que esa tendencia se consolidará en los próximos años.
Los grandes fondos de infraestructuras y el capital privado, que durante la última década centraron su atención en portfolios solares y eólicos, han ampliado su foco hacia dos categorías de activos: los sistemas de almacenamiento con baterías (BESS, por sus siglas en inglés) y los proyectos de hidrógeno verde. El interés responde a razones estructurales, no a modas de ciclo corto.
Por qué el almacenamiento atrae inversión
El primer factor es la necesidad del sistema. Las redes eléctricas europeas, y la española en particular, se enfrentan a un reto creciente de gestión de la intermitencia renovable. Mayor penetración de solar y eólico implica más volatilidad en los precios y más necesidades de flexibilidad. El apagón del 28 de abril de 2025 ilustró con claridad esa fragilidad: un sistema con alta proporción de generación renovable pero sin suficiente capacidad de respaldo puede comprometer la estabilidad de la red. El almacenamiento da respuesta técnica a ese problema, lo que le otorga una demanda sostenida independiente de los ciclos de mercado.
El segundo factor es el regulatorio. La Unión Europea ha avanzado en los últimos años hacia un marco que mejora la visibilidad de ingresos para quienes invierten en almacenamiento: mecanismos que remuneran la flexibilidad aportada al sistema, instrumentos de apoyo al desarrollo del hidrógeno verde y una orientación regulatoria que, pese a sus pendientes, apunta en una dirección estable. Para los fondos de infraestructuras, esa orientación reduce la incertidumbre que durante años había frenado la inversión institucional en este tipo de activos.
El tercer factor es la oferta limitada. Los activos de almacenamiento maduros, con permisos consolidados y conexión a red asegurada, son todavía escasos en relación con el apetito existente. Esa tensión entre oferta y demanda sostiene los múltiplos y explica la competencia que se observa en los procesos de venta.
Baterías e hidrógeno: perfiles distintos
Dentro del almacenamiento conviene distinguir. Las BESS presentan flujos de caja más predecibles y un mercado transaccional con mayor madurez: existen activos operativos, comparables de mercado y una experiencia acumulada por parte de compradores y asesores. El hidrógeno verde, en cambio, sigue siendo mayoritariamente un mercado de desarrollo: el riesgo tecnológico y regulatorio es superior, pero también lo es el potencial para quienes tomen posiciones tempranas con buen criterio.
Esa diferencia de perfil tiene consecuencias directas en cómo se estructuran las operaciones. En las transacciones sobre activos BESS, la discusión se centra en la degradación de las baterías, los contratos de operación y mantenimiento, y la gestión del riesgo de precio en mercado. En las operaciones sobre plataformas de hidrógeno, el foco se desplaza hacia la solidez de los permisos, la viabilidad de los contratos de suministro de largo plazo y la asignación del riesgo tecnológico entre vendedor y comprador. No son solo dos activos distintos: son dos tipos de due diligence y dos dinámicas de negociación que exigen aproximaciones diferenciadas.
España, en posición relevante
La actividad transaccional reciente sitúa a España en el centro del mapa europeo del almacenamiento. En abril de 2026, ENGIE adquirió a Rolwind Renovables dos proyectos BESS stand-alone en Cádiz y Málaga con una capacidad combinada de 278 MW y 1,1 GWh, una de las mayores operaciones de este tipo cerradas en España hasta la fecha. Meses antes, el promotor español BRUC captó 474 millones de euros en financiación para incorporar 650 MW de baterías a su portfolio solar en Andalucía, Aragón y Extremadura, en un ejemplo de hibridación que marca tendencia. En el segmento del hidrógeno, Moeve avanza en el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde con más de 3.000 millones comprometidos y construcción en marcha en Palos de la Frontera.
El marco regulatorio español, con aspectos aún pendientes de desarrollo en materia de acceso a red y mecanismos de capacidad, ha dado pasos en una dirección que favorece la inversión y refuerza el atractivo del mercado doméstico para operadores internacionales.
Perspectiva
La actividad transaccional en almacenamiento no responde a una tendencia pasajera. Es consecuencia de una transición energética que ha entrado en una fase distinta: ya no se trata únicamente de desplegar capacidad renovable, sino de integrarla de forma eficiente en el sistema. A medida que el mercado gana madurez, las operaciones serán más complejas, los compradores más exigentes y el papel del asesoramiento jurídico y financiero más determinante. Quienes desarrollen experiencia en la estructuración de estos activos en los próximos años estarán bien posicionados para acompañar algunas de las transacciones más relevantes del sector.
Artículo publicado en SolarNews.
Por Carlota Clemente
Asociada – Dpto. Energía



