La industria de tecnología financiera (fintech) de la Unión Europea ha registrado un crecimiento exponencial desde mediados de la década de 2010, con más del doble de nuevas empresas establecidas desde 2016 que en los quince años anteriores. Este fenómeno ha transformado la intermediación financiera europea, configurando un nuevo paradigma en la provisión de servicios financieros caracterizado por operaciones de consolidación empresarial, expansión transfronteriza y creciente competencia con las entidades de crédito tradicionales.
Más de la mitad de las fintech europeas se han establecido en las grandes capitales financieras del continente. Según revela el Banco Central Europeo en su análisis “Rapid growth and strategic location: Analysingthe rise of FinTechs in the EU”, integrado en el informe “Financial Integration and structure in the Euro Area (2024)”, el 53% de las fintech se han establecido en ciudades como Ámsterdam, Berlín, Bruselas, Dublín, Fráncfort, Luxemburgo, Madrid, Milán, París o Estocolmo. El análisis, que examina cerca de 27.000 empresas fintech registradas en Crunchbase entre 2000 y 2023, demuestra que esta concentración no es casual: las fintech ubicadas en centros financieros consiguen significativamente más financiación mediante capital. La proximidad al dinero, a las instituciones y al apoyo regulatorio —materializado en sandboxes, centros de innovación y programas de aceleración— sigue siendo determinante incluso en la era digital.
En España, el número de fintech ha aumentado un 40% desde 2020, alcanzando 421 empresas en 2025, según el Banco de España. Sin embargo, su impacto crediticio sigue siendo marginal: en 2023, el monto de préstamos fintech ascendía a 665,7 millones de euros, menos del 0,1% del total del crédito al sector privado concedido por la banca.
En este contexto de expansión, la búsqueda de licencias bancarias europeas ha sido determinante. Lituania ha implementado una política deliberada de posicionamiento como centro fintech mediante otorgamiento acelerado de licencias. Una vez que los reguladores de un Estado miembro otorgan una licencia, el prestamista puede ejercer el “pasaporte europeo”, proporcionando servicios bancarios en todo el bloque. Revolut obtuvo su primera licencia europea de las autoridades lituanas en 2018. En enero de 2026, Zilch adquirió Fjord Bank, entidad lituana con 120 millones de dólares en activos, por 38 millones de dólares, operación que le permitirá comercializar productos de crédito al consumidor en toda Europa y emplear depósitos de clientes para financiar sus actividades, reduciendo su dependencia de inversores privados más costosos.
Paralelamente, en el marco de la unión de los mercados de capitales (“CMU”), la Comisión Europea adoptó en 2018 un Plan de Acción Fintech orientado a fomentar un sector financiero más competitivo e innovador. La implementación de legislación complementaria, incluyendo el paquete de acceso a datos financieros y pagos, el marco de finanzas abiertas y el Reglamento (UE) 2020/1503 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 7 de octubre de 2020, relativo a los proveedores europeos de servicios de financiación participativa para empresas, constituyen instrumentos fundamentales para el crecimiento del ecosistema fintech.
Las operaciones corporativas recientes evidencian una fase de consolidación sectorial marcada por ajustes valorativos significativos. El caso más representativo es el de Brex, fintech estadounidense especializada en pagos corporativos que alcanzó una valoración de 12.500 millones de dólares en 2020-2021. Su adquisición por Capital One en enero de 2026 por 5.500 millones de dólares -una contracción del 56%- ilustra el cambio estructural que atraviesa el sector.
Esta operación refleja la transición desde valoraciones basadas en proyecciones de crecimiento, hacia un paradigma que prima la rentabilidad demostrable. El endurecimiento monetario ha erosionado la viabilidad de modelos sustentados exclusivamente en expansión sin resultados positivos. La operación evidencia, asimismo, cómo la banca tradicional aprovecha las correcciones de mercado para adquirir capacidades tecnológicas a valoraciones más ajustadas, mientras que los inversores de capital riesgo materializan retornos en un entorno donde prolongar la espera entraña riesgos de mayor deterioro valorativo.
En este sentido, aunque no existe evidencia internacional de que el sector suponga un riesgo para la estabilidad financiera en el corto plazo, su crecimiento sostenido justifica seguimiento continuo, según destaca el Banco de España. La competencia inducida por las fintech tiene efectos contrapuestos: puede fortalecer la estabilidad al reducir el coste de los préstamos, facilitando el así el cumplimiento de obligaciones financieras, pero también debilitarla si conlleva comportamientos menos prudentes. Una competencia más intensa puede erosionar beneficios bancarios, empujando a los bancos a asumir mayor riesgo.
En este mismo sentido, Revolut, con más de 65 millones de clientes globales y valoración de 75.000 millones de dólares, alcanzó brevemente una capitalización superior a Barclays. El presidente ejecutivo de Barclays, C.S. Venkatakrishnan, manifestó que las fintech han planteado un desafío significativo, señalando que entidades como Revolut se encuentran exentas de algunas obligaciones de protección del consumidor que los bancos deben cumplir, evidenciando preocupación respecto al arbitraje regulatorio.
No obstante, la evidencia sugiere que las fintech tienden a complementar la oferta crediticia bancaria tradicional: diversos estudios documentan que han impulsado la inclusión financiera en sectores tradicionalmente desatendidos. Numerosos bancos europeos han establecido acuerdos de colaboración con fintech orientados a mejorar la gama de servicios, generando beneficios mediante mayor diversificación y reducción de costes. Los bancos mantienen ventajas difíciles de replicar, como el uso de información no cuantificable obtenida a través de interacciones repetidas con prestatarios, aunque la adopción de modelos de open banking podría favorecer la competencia fintech.
El sector fintech en 2026 afronta una encrucijada jurídica y económica. Tras más de una década de expansión, se encuentra en fase de consolidación. Las fintech no representan una amenaza para la estabilidad financiera hoy, pero su potencial requiere seguimiento continuo. La sostenibilidad futura dependerá de la capacidad para preservar su ventaja innovadora al tiempo que se adaptan a exigencias de escala, cumplimiento regulatorio integral y rentabilidad sostenible en un mercado progresivamente más competitivo y supervisado.
Artículo publicado en El Economista.
Por Alejandra Gómez
Asociada del Dpto. Bancario y Financiero



